Es cierto que la prensa tradicional está en crisis y hay que dar gracias por ello. Sí, así es. El mercado de la información se expande, las nuevas Tics de la información proliferan y ello hace que la información sea más accesible a todos y cada uno de nosotros. Estamos ante lo que muchos pensadores denominan, “democratización de la información”. Todos somos periodistas, todos somos capaces de generar, compartir y descargar contenidos de muy variado pelaje sin apenas censura, y en constante interrelación con sus entornos y casuísticas personales.
El lector ha recordado que tiene derechos y ha empezado a hacerlos valer exigiendo calidad y un poco de respeto por su atención. En un escenario mediático de grandes empresas con intereses corporativos, servidumbres políticas y ambiciones económicas ha pasado lo que, a mi juicio, es el ciclo lógico de lo que debía de pasar. Tan pronto como ha habido una alternativa viable, los que han sido un poco “listos” han empezado a picotear fuera del plato y a exigir algo a cambio de su lealtad. Las grandes cabeceras tienen que cambiar, abandonar su soberbia y adaptarse o morir. Los lectores somos también personas, jamás debemos obviar esta premisa y, por tanto, debemos ser ávidos en la generación de información y mucho más en la elección de los formatos de difusión.
Desde mi punto de vista, la agonía de la prensa escrita aún no ha recibido su inyección letal. Si bien es cierto que el antídoto idílico es inexistente, lo cierto es que el futuro de ésta pasa por un mero camino de adaptación, sofisticación y visión de la información desde un plano global, multidisciplinar y en relación con los múltiples medios y canales que la sociedad de la información nos brinda ante nuestros ojos. Debemos pensar que las nuevas herramientas y las inversiones publicitarias encontrarán nuevos nichos para la difusión de la información y la rentabilización de los objetivos comerciales. El tándem información-comercialización deberá convivir de manera cordial, mediante un aprovechamiento recíproco que permita seguir alimentando la mecha de la información.
Los medios de comunicación, y la prensa escrita en general, deben ser capaces de ver en esta situación una oportunidad para el cambio, el momento oportuno de escapar de una situación reduccionista y aprovechar las sinergias que el nuevo panorama tecnológico e informativo pone a disposición de usuarios, lectores y vendedores de un mundo local globalizado.
